Un sacerdote en los orígenes de Falange en Mallorca
Juan Crespi Nicolau (Campanet, 12 de marzo de 1903-Barcelona, 1988), conocido como “Casetes”. Nacido en el seno de una familia humilde de Campanet. Cursó estudios en el Seminario Conciliar de San Pedro de Palma entre 1915 y 1926. Ejerciendo de vicario en Valldemossa, Llucmajor y en el barrio palmesano de Santa Catalina.
Fundó la denominada Oficina de Información y Orientación Social (ODISO), ubicada en la palmesana calle de Seriñá, número 23, como centro de actividad social y política. Su interés por las cuestiones obreras y el sindicalismo católico acabaría vinculándolo a las primeras iniciativas falangistas en Mallorca. Entorno que de forma posterior serviría para impulsar la creación del Sindicato Autónomo de Obreros de la Producción y Distribución de las Baleares.

La participación de Crespi en los contactos iniciales con Falange cuenta con unos indicios documentales precisos. Encabezo, junto con otros firmantes, una carta enviada a José Antonio Primo de Rivera el 23 de noviembre de 1933. La respuesta, con fecha del 29 de diciembre, iba dirigida a “Juan Crespi y demás firmantes”. Correspondencia que confirma su presencia en el círculo promotor. Además de ser poseedor del carné de Falange núm. 630 con fecha de ingreso del mes de enero de 1934 como perteneciente a la JONS de Palma.

La actividad sindical siguió siendo el principal ámbito de su actuación. Según Antonio Nicolau, cuando el movimiento falangista intentó organizar esta labor, el mando provincial contó con él para captar trabajadores, pero lo apartó de las funciones de mando. Decisión que muestra tanto la utilidad para dicha labor que sus camaradas le reconocían en los contactos obreros como el deterioro de su relación con la jefatura provincial.
Personaje controvertido y polémico en sus actuaciones, con enfrentamientos con diversos camaradas que le llevaron a presentar su dimisión, tal como queda reflejado en el escrito que con fecha de 12 de noviembre de 1935 le remitía el secretario provincial de Baleares, Antonio Nicolau:
Por ello pues, en virtud del pleno convencimiento, que tengo de que no se ha difamado para nada tu nombre ni tu condición, con placer te lo comunico, esperando que servirá la mía de satisfacción. Todos los camaradas veremos con gusto vuelvas de nuevo a nuestras filas, y es de esperar que retirarás tu dimisión por ser infundado el motivo en que la basaste.

Enemistades que el propio Crespi se encargó de señalar en la entrevista mantenida con Llorenç Capellá publicada en Memòria Civil, núm. 28 Baleares, del 13 de julio de 1986. Entrevista donde, entre otras cosas y en relación a la jefatura de Falange, mantenía que tenía órdenes personales del propio José Antonio para fundar el movimiento y que quería que él fuera el máximo responsable en las Baleares.
Hasta donde lo permite la documentación reunida y consultada, no se ha localizado un nombramiento que la confirme. Además, sin pruebas, no se puede dar por acreditada su participación en la reunión que algunas narraciones sitúan en el Mal Pas de Alcúdia como acto fundacional de Falange. Cabe recordar que en el verano de 1933 Falange no existía.
Su trayectoria posterior fue especialmente accidentada. Tras un vacío en la documentación que abarca desde finales de 1935 hasta julio de 1936, el relato de Crespí se reanuda en la madrugada del día 19. Según sus propias palabras, ofició una misa en el domicilio de “Truyols, marqués de Ca la Torre” y, una vez concluida, tomó café y se fue a dormir.
El 27 de abril de 1937 se constituyó en Palma el consejo de guerra que examinó la causa 322/1937, seguida contra Juan Crespí Nicolau, soldado de Sanidad. El tribunal lo declaró responsable de un delito consumado de auxilio a la rebelión y lo condenó a doce años y un día de reclusión temporal. Sentencia que disponía también su expulsión de las filas del Ejército, la pérdida de los derechos adquiridos en él y su inhabilitación absoluta durante el tiempo de la condena.
Consejo de Guerra presidido por el teniente coronel de Infantería Diego Navarro Balaguer, con Antonio de la Rosa Mayol, teniente auditor de 1.ª, como vocal ponente. Tribunal que lo condenó a doce años y un día de reclusión temporal, pena a la cual se le debía abonar el tiempo de prisión preventiva que ya hubiese cumplido.
Según Damià Ferrà-Ponç. Juan Crespi obtuvo posteriormente la secularización, contrayendo matrimonio y trasladándose a Barcelona, donde habría trabajado de conductor de tranvía. Ciudad donde fallecería en 1988.

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