¿Quién vigilaba a Falange? Tres militares y una hipótesis olvidada (1934-1937)
La historiografía local ha venido considerando al auxiliar primero de Intendencia Francisco Barrado Zorrilla (Lérida, 13 de diciembre de 1892 – Barcelona, 13 de noviembre de 1964), al teniente de Ingenieros Ladislao López Bassa (Fuencarral, 27 de julio de 1905 – Madrid, 21 de julio de 1942) y al capitán médico Vicente Sergio de Orbaneja (Segovia, 26 de febrero de 1902 – fecha y lugar de fallecimiento desconocido) como integrantes de la primera falange mallorquina.
Sin embargo, una lectura detenida de la documentación conservada permite plantear una hipótesis diferente. Más que militantes nacionalsindicalistas en el sentido estricto del término, los indicios sugieren que pudieron desempeñar funciones propias de oficiales comisionados por la autoridad militar. Esto les permitió mantener contacto con el movimiento falangista, supervisar su evolución o recabar información sobre una organización política cuya importancia iba creciendo día a día.
No se trata, por tanto, de negar que mantuvieron relaciones con Falange, sino de cuestionar la naturaleza de esas relaciones. La documentación no siempre los presenta como militantes convencidos, sino como militares que actuaban en cumplimiento de determinadas misiones. En este sentido, su presencia en reuniones, sus desplazamientos, sus cometidos posteriores y, en especial, los testimonios de algunos de sus contemporáneos parecen responder mejor al perfil de enlaces, agentes de información o elementos de vigilancia que al de auténticos afiliados.
El caso de Francisco Barrado Zorrilla resulta especialmente significativo. El propio Alfonso de Zayas lo calificó como un “agente secreto” y diversas declaraciones prestadas por él ante la jurisdicción militar lo identifican como confidente de la Sección Especial de la Comandancia Militar de Baleares. A ello se debe sumar su declaración del 30 de septiembre de 1936, en la que afirmaba haber recibido: “Un mes antes del Movimiento aproximadamente por conducto del Comandante de Infantería señor Llobera, recibió orden de formar un equipo de policía para vigilar e informar acerca del Movimiento Nacional”. Difícilmente se puede encontrar una definición más explícita de una misión de información y vigilancia encomendada por la autoridad militar.

Los casos de Ladislao López Bassa y Vicente Sergio de Orbaneja presentan de igual forma aspectos complejos de conciliar con la imagen tradicional de veteranos falangistas. López Bassa aparece en los primeros momentos de la organización del movimiento, desaparece posteriormente de la actividad conocida de Falange y no vuelve a cobrar protagonismo hasta los preparativos del golpe de julio de 1936, desempeñando además funciones tan sensibles como la de “censor de comunicaciones telefónicas”. Ambos, en 1937, aparecerían en Salamanca, donde desempeñarían un papel relevante en las operaciones que condujeron al Decreto de Unificación.

A pesar de todo ello, quienes mejor conocían la estructura interna de Falange pusieron en duda su verdadera militancia. Manuel Hedilla fue categórico en su afirmación de que ninguno de los dos había sido falangista antes del Alzamiento de julio de 1936; de Ladislao López Bassa señalaba que había servido a la preparación del mismo en su condición de militar y que procedía de Renovación Española, mientras que sobre Vicente Sergio Orbaneja recordaba su actitud crítica hacia Falange, hasta el punto de afirmar: “No me causó buena impresión dicho Orbaneja”.

Reservas, las de Hedilla, que fueron compartidas de forma posterior por Ramón Serrano Suñer, quien nos recuerda que ambos oficiales afirmaban pertenecer a la Vieja Guardia falangista, una condición que la documentación disponible no permite corroborar con seguridad. Antes, al contrario, resulta significativo que la carta de presentación ante Hedilla estuviera firmada por el general Trinidad Benjumeda del Rey, gobernador militar de Baleares, quien los avalaba como fundadores de la Falange mallorquina, en lugar de ser avalados por el Jefe Provincial en aquellos momentos, Alfonso de Zayas.
Todo ello no constituye una prueba definitiva de que tanto López Bassa como Sergio Orbaneja fueran agentes infiltrados en el movimiento nacionalsindicalista insular. Sin embargo, sí configura una serie de indicios suficientemente consistentes para replantear su papel. La hipótesis de que actuaran como oficiales de enlace, agentes de información o elementos de control al servicio de la inteligencia militar parece, a la luz de las fuentes conocidas, más compatible con su trayectoria y con los testimonios de la época.

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