PRIMERA LÍNEA

Bartomeu C. Moragues Jordà

Las cuatro detenciones del marqués de Zayas.

Entre la prisión y la Jefatura Provincial

Alfonso de Zayas y de Bobadilla.

Alfonso de Zayas y de Bobadilla, marqués de Zayas (Palma, 23 de enero de 1896 – Sabadell, 3 de enero de 1970), fue militar de profesión y una de las figuras fundamentales en los orígenes de Falange en Baleares.

 Ingresó en el Ejército el 1 de enero de 1913 y alcanzó el empleo de teniente de Artillería en 1924. Participó en Marruecos como observador de aviación y, acogido a la denominada Ley Azaña, pasó a la situación de retirado. El 22 de abril de 1936 figuraba con el empleo de capitán de Artillería retirado, con la tarjeta de identidad militar número 42.452.

El día 12 de marzo de 1934 aparece, junto a otros, entre los simpatizantes de Falange Española que participaron en la constitución del movimiento en Baleares. En dicha reunión se acordó la creación de la primera Junta Directiva, integrando, junto con Bartolomé Barceló y Antonio Nicolau, el denominado Comité de Mando o Primer Triunvirato de Mando de Falange Española en Baleares.

Titular del carné local número 632 de Falange, precedido únicamente por Juan Crespi (carné n.º 630) y Antonio Nicolau (carné n.º 631).

Tras la celebración del I Consejo Nacional de la ya constituida como Falange Española de las J.O.N.S., José Antonio Primo de Rivera lo designó, el 9 de noviembre de 1934, primer jefe provincial de Baleares, responsabilidad que desempeñó hasta junio de 1938.

La llegada al poder del Frente Popular en febrero de 1936 supuso una creciente presión sobre el movimiento nacionalsindicalista. Como consecuencia de la actuación policial contra la organización, Alfonso de Zayas fue detenido y encarcelado en cuatro ocasiones entre marzo y julio de aquel año.

La primera detención tuvo lugar el 17 de marzo, en cumplimiento de la Circular n.º 90 del Ministerio de la Gobernación. Permaneció arrestado tan solo unos días antes de ser puesto en libertad.

Poco después, el 9 de abril, fue nuevamente detenido, aunque en esta ocasión el arresto apenas se prolongó durante veinticuatro horas.

La tercera detención, iniciada el 17 de abril, fue la más prolongada. Tras comparecer ante el comisario de Policía, fue conducido al Depósito de Capuchinos y posteriormente ingresado en la Cárcel Provincial. A raíz de los incidentes producidos tanto en el interior como en el exterior del establecimiento penitenciario, fue trasladado al Castillo de San Carlos, donde permaneció internado junto a otros falangistas.

Finalmente, el 14 de julio fue detenido de nuevo en compañía de María Luisa Ramonell Oliver, de veintidós años, quien actuaba como enlace y correo de Falange en clandestinidad. En esta ocasión no recuperó la libertad hasta la mañana del 19 de julio de 1936, una vez declarado el Estado de Guerra por orden del general Goded.

En la declaración prestada dentro de la Causa 18/1937, Alfonso de Zayas describió las circunstancias de aquellas detenciones y el comportamiento del comisario de Policía Guillermo Roldán de la Fuente:

Que detuvo [el comisario Roldán] al declarante con otros elementos de Falange el día diez y siete de Marzo del año anterior; los llevó a su despacho, dejándoles en plena posesión de él y con frases corteses, les tuvo allí doce horas y luego fueron trasladados a San Carlos después de haber estado en el depósito de Capuchinos y en la Cárcel Provincial, hasta el día en que ocurrió el incidente de la misa, a consecuencia del cual se efectuó el traslado, siendo en total veintitrés los detenidos de Falange.
Además de esta detención y de la que fue practicada en unión de la Srta. Ramonell, el declarante ha sido detenido otras dos veces por el Sr. Roldán, para investigaciones especialmente las relativas al periódico “AQUÍ ESTAMOS”.

En la relación jurada de los servicios prestados durante la Guerra de Liberación, el propio Alfonso de Zayas dejó constancia de aquel destino:

En 1.º de julio de 1938 S.E. el Generalísimo consideró conveniente mi desplazamiento a Italia en Misión Oficial, colaborando con los Agregados Militares de la Embajada, informando al Comandante Gomá sobre el material que se enviaba de Italia a España.

El rápido nombramiento como agregado militar en Roma, inmediatamente después de abandonar la Jefatura Provincial, admite diversas interpretaciones. Aunque oficialmente constituyó una misión de confianza, tampoco puede descartarse que sirviera para apartarlo de la política provincial en un momento especialmente delicado.


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