Francisco de Paula Sampol Cortés: un mallorquín en los orígenes del martirologio falangista.

Al anochecer del día 11 de enero de 1934, se produjo en pleno centro de la capital un suceso que tendría notable repercusión en los primeros pasos de la Falange. Poco antes de las ocho de la tarde, en la calle de Alcalá, frente al teatro del mismo nombre, fue asaltado y mortalmente herido el joven estudiante mallorquín Francisco de Paula Sampol Cortés.
Francisco de Paula Sampol había nacido en Palma de Mallorca en 1912. Huérfano, residía desde hacía apenas dos meses en Madrid, donde vivía con su tío, Aniceto Rodríguez Díaz, tras haber cumplido el servicio militar en Melilla. En la capital compaginaba sus estudios con un empleo de mecánico en la Compañía Telefonica.
Uno de los aspectos más relevantes del caso -subrayado por la familia y la prensa del momento- es que no constaba su militancia en ningún partido u organización política. Su propio tío se encargaría de desmentir cualquier vinculación política ante los periodistas madrileños que se encargaron de cubrir el suceso.
Sin embargo, su delito aquella noche, fue la de llevar consigo un ejemplar del seminario F.E., órgano y medio de expresión de la recién creada Falange Española. Simple motivo calificado de provocación por parte de los socialistas, suficiente para convertirlo en el objetivo de su violencia.
Según el relato de las crónicas y los testimonios recogidos, Francisco de Paula Sampol fue insultado y agredido por varios militantes de las Juventudes Socialistas. Como consecuencia de la agresión y tras una serie de empujones, cayó al suelo, momento en el que uno de los agresores efectuó varios disparos. Uno de los cuales le alcanzó en la región escapular derecha, causándole la muerte de forma casi inmediata.

Trasladado de urgencia a la Casa de Socorro de la calle Augusto Figueroa, los médicos de guardia únicamente pudieron certificar su fallecimiento a consecuencia de una herida de bala además de presentar una herida en la cabeza consecuencia de la caída tras ser derribado durante la agresión.
La huida de los agresores fue breve. Un soldado de Infantería del Regimiento nº. 1, testigo de parte de la agresión, inició la persecución logrando detenerlos en la calle de Arlabán. Los arrestados fueron Felipe Gómez Rey, de 17 años y empleado de la Cooperativa Electra Madrileña, y Manuel Contreras Santos, de tan solo 14 años. Diversos testigos del asesinato señalaron a Gómez Rey como el autor material de los disparos que acabaron con la vida de Francisco de Paula.
Pese a no formar parte del movimiento falangista, la figura de Francisco de Paula Sampol Cortés fue rápidamente incorporado al relato falangista. Apenas unos días después de su asesinato José Antonio Primo de Rivera lo reivindico como uno de los primeros caídos del falangismo. En el número del semanario F.E. del 18 de enero de 1934, se publicaba un texto que marcaría el tono épico y ritual de la memoria falangista:

FRANCISCO DE PAULA SAMPOL CORTES
¡PRESENTE!
La muerte le ha traído a nuestras filas. Aunque no perteneciera a las falanges españolas su sangre ha escrito sobre el suelo de España su cedula de inscripción: su sangre que ha gritado la traicionera y asesina barbarie, de los que laboran por socavar a nuestra España.
Francisco de Paula Sampol Cortés, como tantos otros a quienes la agonía de estas jornadas entrecorto el aliento. Está escribiendo con rojas letras la historia de España, por eso vivirá siempre entre nosotros y para nosotros.
La tierra española le recibió en el instante de su mejor ensueño, haciendo rojo barro con la vena de su herida la voz de nuestras falanges. La voz de España. Al oír enunciar su nombre. Tanto en las horas trabajosas y anhelantes de la lucha, como en las alegres jornadas triunfales tan solo responderá con un solo grito breve y enérgico ¡PRESENTE!
El asesinato del joven estudiante mallorquín Francisco de Paula Sampol Cortés se inscribe así en el clima de creciente violencia política que caracterizó desde un principio a la Segunda República. Episodio, que más allá de lecturas ideológicas, ilustra con crudeza la radicalización y la espiral de violencia, enfrentamientos y agresiones a la que tuvo que hacer frente el movimiento falangista desde su aparición como organización política.

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