PRIMERA LÍNEA

Bartomeu C. Moragues Jordà

Enrique García Gallud: de la cárcel de Murcia al castillo de San Carlos de Palma.

Los meses posteriores a la formación del Gobierno del Frente Popular se caracterizaron por una intensa conflictividad política y una creciente vigilancia sobre el movimiento nacionalsindicalista.

De los sucesos protagonizados por los falangistas durante aquel periodo destaca la fuga de tres militantes de la prisión provincial de Murcia: Federico Servet Clemencin, jefe provincial de Murcia; Antonio Hernández Botía, delegado de Sindicatos; y Enrique García Gallud, secretario provincial de la organización.

Fotografía de Enrique García Gallud gentileza de Juan José Negreira Parets.

La noticia tuvo amplia repercusión en la prensa nacional, tal como lo reflejan las informaciones publicadas por los distintos medios de comunicación nacional, como el murciano El Tiempo, el ciudadrealeño El Pueblo Manchego o el lucense El Progreso.

Relato de la fuga de los tres falangistas.
Portada del diario independiente El Pueblo Manchego del lunes 1 de junio de 1936

El día 2 de junio, el palmesano diario La Almudaina publicaba una reducida información sobre la fuga recibida desde Madrid el día 1 a las 22 horas:

Se fugan de la Cárcel tres fascistas
EL SUCESO APARECE CONFUSO – ESTRATAGEMA – DETENCIONES
Murcia. – Se fugaron de la Prisión el Jefe de Falange y dos fascistas.
Fingiendo enfermedad al acudir la guardia interior, se lanzaron sobre ellos arrebatándoles las pistolas
Se tirotearon con los soldados de la guardia exterior al huir en auto.
El suceso aparece confuso practicándose detenciones incluso la del cabo de guardia de las fuerzas militares.

Rocambolesca versión de la nota de la agencia de prensa que no coincide con los detalles del pormenorizado relato sobre la intrépida acción de los tres falangistas murcianos descrita por el propio Enrique García Gallud en su libro O esto o aquello (páginas 249-262), a la vez que presenta una versión resumida y confusa de los hechos.

Según su testimonio, la operación de evasión permitió a los tres falangistas abandonar la prisión tras cerca de dos horas de maniobras, dando paso a un largo periplo por distintas localidades del Levante español.

Una vez en libertad, abandonaron Murcia utilizando un vehículo del servicio público estacionado en la parada de la plaza de la Cruz, próxima a la Catedral murciana, que les trasladó hasta Cartagena. Allí, con la colaboración de militantes de la JONS local, obtuvieron nuevas cédulas de identificación.

En Cartagena se separó el grupo. Servet continuó su camino por separado, mientras que García Gallud y Hernández prosiguieron juntos su huida por diferentes puntos del litoral mediterráneo. Alicante, Valencia, Picassent y Barcelona fueron algunas de las localidades donde encontraron refugio y apoyo durante aquellos días.

Tras permanecer tres días en la ciudad Condal y por motivos de seguridad, recibieron la indicación de trasladarse preferentemente a Málaga o, en su defecto, a cualquier otro destino que considerasen oportuno. La opción elegida fue Palma de Mallorca, hacia donde embarcaron aquella misma noche.

Según el relato de García Gallud, el contacto con los falangistas mallorquines se estableció a través de Juan Barbara Puig, quien actuó como enlace con los responsables del movimiento nacionalsindicalista en la isla. Bajo la identidad falsa con los nombres de Miguel Muñoz y Manuel Seco.

El propio García Gallud describe así la duración de su libertad en la isla:

Alrededor de doce días después, y con exceso de precauciones policiales, éramos detenidos la noche de San Juan y, tras un extenuante interrogatorio completamente negativo sobre nuestra verdadera identidad y circunstancias, ingresamos en la vieja cárcel de Palma.

De la vieja cárcel de Capuchinos fueron trasladados al castillo de San Carlos en la zona de Porto Pi, en la palmesana bahía, donde permanecerían recluidos hasta su liberación el 19 de julio de 1936, junto al resto de falangistas que con Zayas compartían prisión.

Concluían así los veintitrés días de libertad iniciados en la noche del 31 de mayo y que finalizarían la noche de San Juan, el 23 de junio de 1936.

La separación de los tres falangistas marcaría destinos diferentes. Federico Servet sería detenido nuevamente y, tras el movimiento cívico-militar de julio, sería sometido a un proceso ante el Tribunal Popular entre los días 9 y 11 de septiembre. Fue condenado a muerte y ejecutado el 13 de septiembre, según informó El Liberal de Murcia en su edición del día 15.

Han sido cumplimentadas las sentencias.
El domingo a las diez de la mañana, fueron cumplimentadas las sentencias dictadas por el Tribunal Popular de Murcia contra los diez condenados a muerte que se expresan a continuación:
Federico Servet Clemencín, Miguel Gallego Alcaraz, Ángel Romero Elorriaga, Sotero González Lerma, Alfonso Carrasco Aracil, Fernando Ciller, Gonzalo de Haro Bustamante, Antonio González Egea, Francisco Moya Rubio y Victoriano García Montiel.
El fusilamiento de los condenados fue llevado a cabo en uno de los patios de la cárcel provincial.

Por su parte, Enrique García Gallud y Antonio Hernández Botía, tras ser liberados por los militares, se incorporaron al movimiento falangista mallorquín.

García Gallud fue nombrado jefe de Falange de la 2.ª Centuria mediante la Orden General promulgada por la Jefatura Provincial, recogida por El Día en su edición del 17 de diciembre. Hernández Botía aparece citado posteriormente por la Voz de Sóller del 10 de octubre de 1936 como participante, en calidad de jefe de la Organización Nacional Sindicalista de Murcia, en el acto celebrado en la localidad de Valldemossa por los Sindicatos Nacional Sindicalistas de Baleares.

Años después, el Boletín del Movimiento de Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S., en su número 204 de 1 de enero de 1944, informaba de la concesión de la Medalla de la Vieja Guardia a Enrique García Gallud.

Gentileza de Juan Manuel Bernal

Así mismo, el 20 de julio de 1946 fue distinguido con el Aspa Verde[1], el Ángulo de Plata[2] y el Ángulo Rojo[3], mediante el expediente número 282, publicado en esa misma fecha a propuesta de la Junta Central de Recompensas y Distinciones.

Trayectoria, la de Enrique García Gallud, que constituye un episodio singular dentro de la historia de la Falange en Mallorca, desde su fuga de la prisión murciana, pasando por la clandestina estancia en la isla, hasta su posterior integración en las estructuras falangistas de la Primera Línea mallorquina.

[1] El color verde simbolizaba el mérito político en las actuaciones de los militantes; así, el Aspa Verde simbolizaría el mérito contraído en los mandos al frente de sus servicios.

[2] Con el color plata, tradicionalmente en la Falange se premiaban los actos heroicos en sus diversos grados. Con el Ángulo de Plata se recompensaba a los afiliados que, en defensa del Movimiento, hubieran actuado con valor, brillantez y disciplina que fueran dignos de ejemplo para los demás camaradas.

[3] Mediante el color rojo se simbolizaban los sufrimientos padecidos por los militantes al servicio de Falange. El Ángulo Rojo era la recompensa por haber sufrido con dignidad destierro o prisión antes del 18 de julio de 1936, por persecución grave o prisión en la zona roja.


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